A todos nos ha pasado el estar a pocos minutos de exponer y no poder mantener la calma. La respiración se nos acelera al igual que el pulso. Sin duda, los nervios pueden jugarte una mala pasada y arruinar lo que pudo ser una brillante exposición. Sin embargo, no tiene por qué volverte a suceder. Existen una serie de recomendaciones que de seguirlas te aseguran el disminuir en gran medida los nervios que surgen al exponer. ¡Empecemos!

1. Domina tu tema

No hay mejor manera de evitar los nervios que dominar el tema sobre el que vas a hablar. Para ello, no debes enfocarte en memorizar lo que vas a decir como si de una máquina te trataras. Lo mejor que puedes hacer es centrarte en comprender el tema hasta que seas capaz de explicarlo con tus propias palabras. No dejes ninguna duda sin resolver, pues de lo contrario estarás dejando espacios para que puedan surgir los clásicos nervios de último minuto.

Bajo ningún motivo estudies de una manera superflua bajo la excusa de que eres bueno improvisando. Al igual que las mentiras, la improvisación se nota a leguas y es muy difícil enmascararlas. Dado que no cuentas con la información en tu mente, tu cerebro tendrá que hacer un esfuerzo adicional para darle coherencia a tus ideas al mismo tiempo que estás exponiendo. De manera inevitable terminarás titubeando o usando muletillas para ganar tiempo.

2. Organiza tus ideas

Tan importante como dominar el tema, es que tus ideas al momento de exponer tengan un orden coherente para las personas que te escuchan. Una idea debe ser el puente para la otra, como si de un buen texto se tratara. Por este motivo, te sugerimos que escribas un texto en el que organices tus ideas bajo una estructura lógica, que vaya de lo más general a lo más específico.

Por ejemplo, de exponer sobre la memoria nuestro esquema podría quedar así: 1. ¿Qué es la memoria? 2. Tipos de memoria. 2. 1. Memoria a largo plazo. 2. 2. Memoria a corto plazo. 3. Enfermedades de la memoria. 4. Conclusiones. Si has estudiado de la manera correcta, verás cómo te resultará bastante sencillo el llenar cada uno de los puntos del esqueleto de tu texto.

3. Utiliza apoyos visuales

Pueden ser diapositivas de Power Point o presentaciones de Prezi, lo importante es que apoyen lo que vas a decir y que no sean de forma literal lo que vas a decir. Uno de los errores más clásicos al hacer diapositivas es el de colocar muros de texto en ellas, una consecuencia directa que vuelve evidente el poco dominio que tienes del tema. Lejos de emplear texto, lo que debes utilizar en su reemplazo son imágenes que sirvan para ilustrar tus ideas; asimismo, es válido colocar información bastante puntual y de difícil recordación, como lo pueden ser datos numéricos exactos: porcentajes y fechas.

Por otra parte, si cuentas con tiempo considerable para exponer, puedes servirte de uno o dos vídeos breves que expliquen un concepto o funcionen a modo de ejemplo sobre lo que estás exponiendo. Saber que tienes estos apoyos te brindará mayor confianza y hará que te liberes de los nervios de último minuto por tener problemas al recordar un dato.

4. Ensaya solo o frente a una persona

Has estudiado y tienes material de apoyo para tus ideas; ahora, es momento de practicar. Los mejores oradores son los que practican una y otra vez sus presentaciones y no los que tienen un don innato o facilidad de palabra. Nada te prepara mejor ni brinda mayor seguridad que practicar a viva voz tu exposición, tal y como la vas a realizar cuando llegue el gran día. Hacerlo, te permitirá no solo corregir posibles errores que estaban pasando desapercibidos, sino también afinar la información que estás utilizando en tus materiales de apoyo. Puedes ensayar solo o con una persona.

En particular, te sugerimos que ensayes primero en solitario, y ya con una exposición bastante pulida, solicites la ayuda de un amigo o familiar para que pueda observar tus problemas de postura, falta de movilidad, entonación u otros detalles. Muchas veces tendrás un número definido de minutos para exponer, por lo que es buena idea ensayar con un cronómetro a la mano. Verás que al momento de exponer, las palabras saldrán de tu boca con total espontaneidad y naturalidad.

5. Distrae tu mente en otras actividades

Esperamos que no estés pensando en prepararte con apenas un día de antelación. En la medida de lo posible planifica las actividades que realizarás de modo que tengas varios momentos libres. ¿Para estudiar más? No, al contrario. Para emplearlos en actividades que no tengan nada que ver con tu exposición. Lejos de ser benéfico, prepararte en exceso puede resultar contraproducente.

Como es natural, llega un momento que nos saturamos de estar realizando la misma acción. Si ya te sientes preparado, carece de sentido que sigas intentando meter más ideas en tu mente. Ya estás listo, descansa un poco. Tu cerebro se encargará de manera inconsciente de terminar el trabajo.

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